Aumenta de la participación femenina en el mundo del trabajo

En 2007 trabajaban 1.200 millones de mujeres en todo el mundo. Esta cifra representa un aumento de 200 millones de mujeres o de 18,4 por ciento durante una década, según las Tendencias mundiales del empleo de las mujeres, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hecho publico este año.

2008-10-08

Fundación PIEB

Aumenta de la participación femenina en el mundo del trabajo

En 2007 trabajaban 1.200 millones de mujeres en todo el mundo. Esta cifra representa un aumento de 200 millones de mujeres o de 18,4 por ciento durante una década, según las Tendencias mundiales del empleo de las mujeres, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hecho publico este año.

De acuerdo a estas proyecciones, durante ese período también aumentó el número de mujeres desempleadas de 70,2 a 81,6 millones. Así las cosas, las mujeres aún tienen más posibilidades que los hombres de encontrarse sin empleo.

Para el caso de los países latinoamericanos, el aumento en la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha sido de 47,9 por ciento a 52,9 por ciento, el segundo más alto del mundo después de Oriente Medio.

El informe sostiene que, tanto el aumento en las tasas femeninas como el descenso en las tasas de participación de los hombres produjeron una reducción de la brecha de género entre personas económicamente activas. En 2007, había 67 mujeres activas por cada 100 hombres.

Sin embargo persiste la interrogante de si el aumento en la participación femenina se reflejó en mejores condiciones en el mercado laboral. Una revisión de un conjunto de otros indicadores sugiere que este no ha sido el caso.

Bolivia
En el caso concreto de Bolivia la OIT identificó profundos cambios en su política laboral. Así como Argentina, Honduras, Nicaragua, Perú y Paraguay, ha experimentado un proceso de reducción de los costos laborales, mediante la flexibilización de las modalidades de contratación y facilitando los despidos.

Con ello se observan transformaciones adicionales en el mercado laboral, que han obligado a la fuerza de trabajo a adaptarse a las nuevas condiciones de menor protección y mayor inestabilidad contractual y salarial, lo que ha generado cambios acelerados de las condiciones de trabajo.

La OIT dice que también es alto el porcentaje de fuerza de trabajo femenina que se desempeña en el sector informal. En 2002, más de 40 por ciento de las mujeres ocupadas estaban en ese sector.

Con ello el comportamiento de la tasa de desempleo en los países de la región no ha incidido por igual entre los hombres y las mujeres. Sin embargo, en la mayoría de las naciones donde el desempleo registra un aumento, éste perjudica más a las mujeres que a los hombres.

Latinoamérica
La relación empleo-población para las mujeres en América Latina y el Caribe registró mejorías y aumentó cinco puntos porcentuales: De 42,1 por ciento en 1997 a 47,1 por ciento en 2007. Pero la tasa de desempleo femenino de la región, de 10,9 por ciento, está muy por encima de la de los hombres, de 6,9 por ciento.

La dimensión de la brecha en el desempleo de hombres y mujeres está sólo por debajo de las de Oriente Medio y África del Norte, sostiene el informe.

La forma en que se comporta el empleo por sector en el caso de las mujeres refleja un mayor grado de desarrollo en América Latina y el Caribe, comparado con otras regiones del mundo en desarrollo. El sector agrícola es menos relevante como proveedor de empleo y a diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo, la proporción de mujeres en este sector, de 10,7 por ciento, es menor que la de los hombres de 24,7 por ciento. En ninguna otra región del mundo se registra un empleo agrícola en el cual la proporción de los hombres tenga tanta diferencia por encima de la de las mujeres.

El panorama es completamente distinto en el sector industrial donde la proporción de las mujeres es de 14,1 por ciento y de 27,1 por ciento la de los hombres. La gran mayoría de las mujeres trabajan en el sector de servicios, donde la proporción de mujeres es de 74,8 por ciento, la segunda más alta del mundo después de la región de Economías Industrializadas y la Unión Europea (UE).

En el caso de los hombres, la proporción fue de 48,2 por ciento. Incluso al comparar números absolutos, en este sector hay más mujeres que hombres.

A pesar que es una región donde la agricultura aporta menos empleos y donde hay niveles relativamente altos de Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, la persistencia del empleo vulnerable continúa siendo un tema importante. A diferencia de lo que sucede en otras regiones, la proporción de personas empleadas en condiciones vulnerables aumentó, de 31,4 por ciento en 1997 a 33,2 por ciento en 2007. La proporción aumentó para ambos sexos, pero el incremento fue mayor para las mujeres.

El aumento en la proporción de personas en empleo vulnerable demuestra que éste tipo de empleo puede ser generado en el sector de los servicios, que es donde fueron creados la mayor parte de los puestos de trabajo en la región. Cerca de la cuarta parte de las mujeres que trabajan en la región son trabajadoras por cuenta propia. Lo más probable es que estas mujeres ofrezcan servicios en el sector informal, donde los ingresos pueden ser diferentes en el día a día y donde la falta de sistemas de apoyo social las hace más vulnerables a las variaciones de mercado.

Al mismo tiempo, disminuyó la proporción de mujeres en trabajo remunerado y asalariado a 64,6 por ciento, aunque sigue siendo mayor que la de los hombres, de 60,6 por ciento. Es preocupante que el empleo remunerado y asalariado represente una proporción menor del empleo total que 10 años atrás, una disminución que fue mayor para las mujeres que para los hombres.

A pesar que la brecha de género en las tasas de participación y en la relación empleo-población se estrecha en América Latina y el Caribe, y de que existe una distribución relativamente igualitaria en términos de situación en el empleo, las altas tasas de desempleo femenino y la gran cantidad de mujeres que tienen empleo vulnerable en servicios de baja productividad son indicadores de un futuro inestable para las perspectivas económicas de las mujeres, asegura la OIT.

“La creación de más empleos y la mejoría de las condiciones de trabajo son necesarias para mejorar las perspectivas de las mujeres en el mercado laboral de esta región”, señala.

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