Opinión • Sólo el 40 por ciento del área rural dispone de energía eléctrica en Bolivia • 2011_06_20

 

EN LAS CIUDADES EL 89 POR CIENTO TIENE ESTE SERVICIO. TRES MILLONES DE BOLIVIANOS DEL CAMPO NO TIENEN ACCESO A ELECTRICIDAD Y CASI 4 MILLONES USAN LEñA COMO FUENTE PRINCIPAL DE ENERGíA

Sólo el 40 por ciento del área rural dispone de energía eléctrica en Bolivia

Cbba, 20 de junio de 2011 (Opinión).- La cobertura de energía eléctrica en el área rural apenas alcanza a un 40 por ciento y la ampliación del servicio se encuentra con problemas como el alto grado de dispersión de la población y la extrema pobreza.

Esa situación es revelada por una investigación realizada por Miguel Fernández Fuentes y publicada por el Centro para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA).

Se indica que la cobertura eléctrica el año 2007 en Bolivia fue del 71 por ciento (con una cobertura urbana del 89 por ciento y una cobertura rural del 39 por ciento ). “A pesar de los esfuerzos realizados en la electrificación rural, mediante la instalación de redes eléctricas, aún 3 millones de personas no tienen acceso a electricidad y casi 4 millones usan leña como fuente principal de energía”.

Agrega en el contexto rural se ha evidenciado que el acceso a la energía marca la diferencia en la calidad de vida de la población y mejora sus condiciones de sostenibilidad.

Las familias rurales, sostiene, debido a que tienen un acceso limitado a la energía, usan pilas, velas y mecheros, pero en términos reales, las familias rurales pobres pagan más por servicios de energía de baja calidad.

Se recuerda que en el mundo, aún existen cerca de 2.000 millones de personas que no tienen acceso a servicios de energía moderna y, en América Latina y El Caribe, son aproximadamente, 47 millones de personas las que carecen de acceso a la electricidad.

El estudio señala que uno de los problemas que tiene Bolivia para enfrentar el asunto, es la realidad del área rural que se caracteriza por tener una población dispersa, inconexa y aislada, además de marginada del mercado energético nacional “que representa casi un 40 por ciento de la población del país con índices de desarrollo por debajo de los niveles aceptables mundialmente”.

Señala que en el área rural el abastecimiento de los hidrocarburos es muy escaso, particularmente del gas licuado de petróleo que en cambio, tiene un amplio uso a nivel urbano, pero sólo está presente en los centros rurales más importantes.

La principal fuente energética en las áreas dispersas y alejadas es la biomasa, que en promedio cubre el 80 por ciento de la demanda total rural de energía, aunque hay algunas zonas donde ese recurso cubre hasta el 97 por ciento de la demanda, situación que no ha cambiado en los últimos 13 años, agrega.

Fernández Fuentes explica que se estimó que la cobertura eléctrica en el país, en el año 2007, alcanzó un 71 por ciento . Las ciudades tienen una cobertura de entre el 80 y 90 por ciento, pero en el área rural apenas llega a un 39 por ciento .

Añade que los consumos de electrificación rural alcanzan en promedio apenas a 25 kilowatios mes por familia y la mediana es de 32 kilowatios mes por familia, “una cantidad de energía que solamente permite un uso limitado de la iluminación y la radio, así como de algunas horas de televisión”.

“Se puede afirmar que una gran parte del sector rural está prácticamente marginado de los sistemas convencionales de energía. Mientras la población urbana de Bolivia vive en el siglo XXI, la población rural, dispersa y aislada, aún vive una realidad del siglo XIX”, añade.
Mayoría de la gente del campo está dispersa.

En el ámbito rural existe una estrecha relación entre pobreza y falta de acceso a la electricidad, incluso se podría decir que son sinónimos, sostiene el investigador Miguel Fernández Fuentes, en su documento “Rol e impacto socioeconómico de las energías renovables en el área rural de Bolivia”.

Señala que utilizando el criterio de medición de la pobreza en Bolivia, basado en las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), se observa que el número de hogares rurales en condiciones de pobreza extrema es muy próximo al número de hogares en el área rural que no cuentan con energía eléctrica.

Eso implica, agrega, que el 90,17 por ciento de hogares sin energía eléctrica del área rural corresponde a hogares en situación de pobreza extrema, es decir en indigencia y marginalidad.

Fernández sostiene que cuando se analiza el tema poblacional en el área rural, sobresalen niveles de dispersión existentes. “Se identifica que cerca de 60.000 familias viven en comunidades reducidas, con menos de 120 familias, lo que representa el 80 por ciento del total de la población rural. En este segmento, la cobertura eléctrica es del 17,2 por ciento y el uso de biomasa alcanza al 81 por ciento ”.

Agrega que si se desciende un nivel más en el análisis, se puede ver que aproximadamente 560.000 familias rurales viven en comunidades con menos de 60 familias, de las cuales sólo un 12,7 por ciento tiene acceso a la electricidad y un 84,1 por ciento usa biomasa. Este grupo, representa el 72 por ciento de la población rural.

“En ese nivel se puede ver que la relación entre las variables de energía y pobreza es más directa y alcanza un 93 por ciento de correlación”, señala.

Añade que se ha podido observar que la presencia de grupos poblacionales sin acceso a la electricidad se encuentran, con una relativa densidad, sobre la franja del territorio occidental que ocupa la cordillera de Los Andes. Se explica que el área urbana centra su suministro energético en la electricidad y el GLP. Ambas representan el 7 por ciento del consumo total, mientras que en el área rural la mayor importancia está en la biomasa, con un 93 por ciento y en el diésel o kerosene que representa un 4 por ciento .

La comparación entre ambas realidades revela que mientras el consumo de biomasa de una familia rural es 19 veces más respecto a una familia urbana, para el caso del GLP una familia urbana consume 12 veces más que una rural. En el caso de la electricidad, una familia urbana consume 886 veces más energía eléctrica que una familia rural.

Hogares rurales contaminados por el uso de la leña

Los hogares rurales padecen de una alta contaminación ambiental debido al masivo uso de leña para la cocción de los alimentos. Esa situación es destacada por un estudio de Miguel Fernández, sobre el impacto socioeconómico de las energías renovables en el área rural de Bolivia, divulgado por el Centro de Estudios de Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA).

“El impacto ambiental del uso de leña se presenta sobre todo en el interior de las viviendas rurales, como una contaminación interior. Mediciones sobre la presencia de monóxido de carbono y material particulado (producto de la combustión de leña), que han sido realizadas en hogares rurales de Bolivia, muestran que en el país se sobrepasan hasta en seis veces los niveles definidos por la Organización Mundial de la Salud, como peligrosos”, dice el informe.

Las familias rurales perciben problemas respecto al uso tradicional de leña. Entre éstos, se cita la menor disponibilidad en el acceso, el incremento de las distancias para conseguir el recurso y la falta de medios necesarios para el transporte.

También se ha hecho notar que la actividad de recolección de leña es un trabajo excesivo, al que hay que dedicarle mucho tiempo. También se manifestaron los inconvenientes que ocasiona el consumo de leña y se mencionó el humo que se produce en general y el hollín que ensucia las casas.

El estudio explica que la biomasa en su mayor parte es recolectada y también existe un mercado de leña, el mismo que se estima en cinco millones de dólares al año.

“El abastecimiento de biomasa en hogares situados en comunidades dispersas, particularmente leña para la cocción de alimentos, se realiza por medio de la recolección. Un 2 por ciento de los hogares rurales recogen leña de bosques más o menos cercanos. El consumo familiar promedio está estimado en 2.1 toneladas al año”.

La recolección de leña, agrega el informe, implica sobre todo el trabajo de mujeres, niños y niñas, quienes tienen como responsabilidad el suministro de este energético. Se estima que anualmente se emplean cerca de 89 horas-hombre al año por hogar, para la provisión de leña.

Agrega que considerando un universo de 600.000 hogares que consumen leña, la cantidad de horas empleadas en este trabajo alcanza a 53,4 millones de horas-año.

Sostiene que la imposibilidad de sustitución de la leña por GLP, radica en la inaccesibilidad a las comunidades aisladas y los altos costos de transporte, así como la irregularidad en el abastecimiento.

El uso de combustibles líquidos, a su vez, tropieza con la misma dificultad. Y la extensión de gas natural es imposible porque se distribuye por cañería.

El investigador Miguel Fernández señala que la opción más razonable de cara el futuro es el mejoramiento de las tecnologías de combustión, pasando del uso de los fogones de tres piedras, que tienen una eficiencia de aproximadamente el 7 por ciento, a fogones mejorados, con eficiencias de entre el 20 por ciento y el 25 por ciento . “Se podría reducir los consumos de leña, y por consiguiente de contaminación, en al menos tres veces respecto a los consumos actuales”.
La lejanía de pueblos hace más cara la conexión

El costo de la conexión de energía eléctrica en el área rural, se ha ido incrementando a través del tiempo en vez de disminuir. Esa situación se explica porque cada vez las comunidades quedan más lejos de las redes que proveen el servicio. En 1990 el costo de conexión era de 700 dólares, el año 1990 era de mil dólares y el año 2007 se había elevado a 1.300 dólares, señala un documento de Miguel Fernández, publicado por el CEDLA.

Explica que las razones para que se produzca esa situación son las que las comunidades están cada vez más lejanas y aisladas y el número de familias que vive en ellas es reducido. “Esto significa que la red eléctrica se acerca al límite técnico y económico como solución generalizada para resolver este problema en el contexto del país”.

Los departamentos con menos acceso a la energía son Chuquisaca, Beni y Potosí, con una cobertura que oscila entre el 20 por ciento y el 30 por ciento . En Oruro, Pando y Santa Cruz, los niveles de cobertura son superiores al 30 por ciento y 40 por ciento . Finalmente, Tarija, La Paz y Cochabamba, son los que tienen mayor cobertura, de entre el 40 por ciento y el 50 por ciento . En los diferentes departamentos se observa que mientras en el área urbana el acceso a la electricidad oscila entre el 79 por ciento y el 96 por ciento , en el área rural la población que cuenta con electricidad varía entre el 25 por ciento y el 49 por ciento .

Esa situación se presenta pese a que en varios años se han diseñado programas y planes para resolver la situación. En 1994 se diseñó la Estrategia Nacional de Energía Rural. En 1997 se instituyó el Programa Nacional de Electrificación Rural. El año 2002 se presentó el Plan Bolivia de Electrificación Rural.

El estudio explica que el crecimiento de la electrificación rural producido durante el periodo 1994 a 2005, en un 18 por ciento no respondió a las reformas económicas de capitalización del sector eléctrico, sino que fue producto de la Ley de Descentralización y de la Ley de Participación Popular que originalmente debía atender las necesidades de sectores de salud y educación pero que también alcanzó a energía.

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